martes, julio 29, 2008

Reencuentro

Era la tarde de un martes cualquiera. Pero no era cualquier día para ella. Desde hacía días que esperaba esta tarde. Hacía dos o cuatro años, no lo recordaba. Pero el encontrarse la semana pasada después que sus caminos se habían direccionado en sentidos contrarios, algo había hecho en su estado de ánimo, pero más en su cuerpo.

Casi dos horas tenía parada frente al espejo, decidiendo, vestido, peinado, perfume, maquillaje, todos los detalles parecían de una importancia superior a lo cotidiano. Nada satisfacía su gusto. Al final decidió por lo más simple y básico. Fue ahí donde encontró su esencia y sonrío satisfecha.

Vio su reloj y apresuró su paso, no quería llegar tarde. No quería esperar más. Llegó al lugar de la cita y su corazón empezó un latir apresurado, un latir diferente, buscó en el sitio y él aun no aparecía.

Trató inutilmente de tranquilizarse, sus manos sudaban. Escogió una mesa, algo alejada de la mayoría. Miraba hacía la calle por la discreta ventana. Miró de nuevo su reloj, aun faltaban diez minutos para la hora. Pensó en fumar un cigarrillo, pero recordó que hacía meses que lo había dejado, se sonrío por la ocurrencia e incluso buscó entre los comensales a alguien que le pudiera obsequiar uno. Curiosamente nadie fumaba en ese momento. El mesero llegó y pidió sólo un café. El reloj le devolvía a cada minuto su sonido. El cual lentamente aparentaba que su sonido se incrementaba a cada movimiento del segundero. Le parecía que sudaba, se tocó la frente y su nuca, era su imaginación, aunque sintió el latir de su corazón apresurado. Estaba muy nerviosa, era la hora de la cita y él no se veía por ningún lado. Su nerviosismo se tradujo en una angustía que pasó rápidamente al coraje y al odio. Cómo era posible que no viniera. No lo podía aceptar, era intolerable. Recordó claramente todos los momentos de incompatibilidad, era algo que no había perdonado. Lo supo en ese instante. Supo que él se estaba burlando de ella, de nueva cuenta, haciéndole creer que estaba interesado en verla.

Salió corriendo del lugar, el mesero alcanzó a ver sus ojos llenos de lágrimas contenidas, por la calle toda la gente la miró alejarse de prisa, huyendo del lugar, pero más de sus pensamientos.

Al mismo tiempo, a escasos metros de ahí, él corría con el corazón latiendo ansiosamente, había decidido vivir la oportunidad y recuperar a su amada. Como lo descubrió esa mañana, cuando pensando en ella, se dio cuenta que no podía vivir sin su presencia, sin su cariño, la que siempre había considerado el amor de su vida y que por fin, en este reencuentro estarían juntos... para siempre.

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