miércoles, octubre 05, 2011

Oscuridad

El silencio era todo lo que tenía. Esa noche era siniestramente silenciosa, especial. Nada perturbaba la tranquilidad de la oscuridad. La habitación estaba estratégicamente sellada para que ni el ruido ni la luz penetraran. Era su espacio. El único lugar donde se sentía el mismo. La sociedad y sus ruidos innecesarios, su estrépito le molestaba hasta el grado de ignorar su entorno con un caparazón que le dolía haberlo mantenido tantos años. Nadie imaginaría que el era un ser de oscuridad.

Ahora intentaba dormir, sabía lo inútil del esfuerzo, pero le gustaba engañarse con el intento. Siempre terminaba igual, con los ojos abiertos imaginando un mundo silente, sin la estorbosa necesidad de gritar para poder comunicarse. Siempre recordaba el momento de sus primeras cartas, cuanto las disfrutaba, se regodeaba con cada palabra y como iban formando frases que en su mente se transformaban en imágenes que llenaban su vida. Así era su vida y era feliz.

Los minutos pasaban y sólo escuchaba la melodía en que transformaba su respiración, siempre le pareció monótona pero musical, sonreía, por sus chistes que nadie entendería. Imaginaba a sus compañeros de trabajo, necios y banales, soñando con mundos mejores. Veía claramente sus rostros plácidamente dormidos y le gustaba burlarse de ellos, aunque fuera sólo en sus pensamientos. El reloj de su buró, le llamó la atención, de pronto parecía ir inusualmente lento, a lo lejos, escuchó algo. Sí, ahora estaba seguro, había un ruido, lejano, pero constante. ¿Quién se atrevía a sacarlo de su tranquilidad? No podía permitirlo, tenía que callar ese ruido, se levantó rápidamente de la cama, y el frío del piso le hizo erizar la piel. No encontraba sus pantunflas, cosa extraña en su mnetódica vida, todo estaba acomodado siempre. Pensaba que cada cosa tenía su lugar y su momento. Busco en el piso con sus pies e intentó ver, pero ni aun la vista más aguda podría haber visto algo en esa densa oscuridad. Sintió miedo, aunque intentó tranquilizarse, era algo muy fuerte. Se recostó pensando que quizás estaba soñando y el ruido empezó a hacerse más fuerte y constante. Cerró los ojos y trató de pensar con claridad, con ese pensamiento lógico que siempre lo ha caracterizado. El silencio se veía perturbado por esas ondas de ruido que crecían, intentó ubicar la fuente, era imposible que viniera de fuera. Algo dentro de la casa estaba haciendo el ruido. El temor fue ahora más tangible. Tomó un cobertor e tapó sus oídos, ahí estaba el ruido, ahogado, pero más constante. Era real. No podía permitirlo, armándose de valor, se levantó y encendió la luz de su recámara. Lo que vio fue lo más aterrador que había visto en su vida...

Continuará...

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