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lunes, diciembre 02, 2013

Noche


Buenas noches, pensé en decirle. ¿Para qué? Me pregunté de inmediato, de seguro duerme como si no existiera. Así es ella, me contesté, a la vez que sonrío y pienso, siempre la justifico. Las cosas no van bien, pero en realidad, tampoco van del todo mal, simplemente, están, así, detenidas. A veces la vida hace creer que puede ponerle pausa y no pasar nada relevante, si la rutina y el ruido y el todo, pero nada que valga realmente la pena.

Me levanto de mi silla y voy a la recámara, en el camino, pienso en apostar si sigue despierta o dormida. ¿Costará mucho venir a darme un beso de buenas noches mientras trabajo? Y si, ahí está, vuelvo a ganarme a mi mismo la apuesta, duerme. Duerme profundamente, pero la conozco y sé que hay preocupación, estrés y muchas ganas de aventar todo y largarse lejos. Que nada importe y olvidar. Hace tan poco que todo era diferente. Pero no es la vida cambiante y debemos aceptarla y adaptarnos. Pero que digo, si juramos estar juntos, en las buenas y en las malas. Aunque como dicen por ahí, desde que se casaron, puras malas. Y a decir verdad, no ha sido nada bondadosa la vida con nosotros, de pronto cortó todas las entradas de trabajo y inicio una espiral económica de la cual, aun no veo que podamos salir, por lo menos, no tan fácilmente.

Entonces, me regreso sigilosamente a mi oficina y dejo la puerta abierta, continúo escribiendo esto, esperando que el murmullo del teclado pueda llamar al sueño y venga a rescatarme de este insomnio constante. Saben, anoche no dormí casi nada, como media hora en toda la noche y hoy, parece que no hay cansancio, sigo sin sueño, casi es medianoche y heme aquí, tratando de arreglar el mundo, después de trabajar todo el día, sin tregua ni descanso y eso si, con mucha presión por hacer que valga la pena y podamos regresar lo más pronto posible a la normalidad de la tranquilidad, por lo menos la financiera.

Mi postura es firme, tengo mucha fe en que esto es una racha, de la cual, pronto vamos a salir, aunque, siendo sincero, ya son varios meses los que nos ha perseguido esta racha y no se le ve final, por lo menos no inmediato. Ya tomé algunas acciones que harán que los nuevos proyectos fluyan, sin embargo, desafortunadamente no son inmediatos, son a corto plazo. Estoy haciendo lo conducente. Lo sé. Pero, les debo de confesar que me siento agotado, el cansancio ya me alcanzó, no en forma de sueño, más bien, de debilidad muscular. No responde igual mi cuerpo. La energía no está presente, aunque, por otra parte, no me ando durmiendo durante el día, puedo estar atento y más que eso a todo lo que pasa, incluso, me puedo sustraer de toda esta dinámica viciosa que no conduce a nada y ser feliz, pese a lo que dice el manual, de tener que mostrar preocupación. 

¿Cómo preocuparme si sé que Dios está de mi lado? No creo que pueda. Lo que si quiero es poder transmitirle esta tranquilidad a mi esposa, cosa que hago constante pero nomás no llego a nada. Y aunque intento y lo intento de nuevo, sé que ella vive de otra manera esta situación. Por esto mismo, debo de enfocar mis esfuerzos y alcanzar objetivos de liquidez lo más pronto posible y si incluso se puede antes que esto, mejor. Creo que apagaré las luces del pasillo y del estudio. No creo que a esta hora se ocupen. Así como ocupo luz en mi vida, creo que apagaré algunos de los sentidos, para iniciar de nuevo el camino hacía el éxito, ese camino ya lo he recorrido, no una, sino varias veces. Si, lo recuerdo, antes de llegar a la meta, debí pasar por trechos que no fueron del todo agradables. En eso estoy, porque sé, porque creo y porque puedo. 

Me iré y acostaré a tu lado y te amaré en sueños, mezclándonos ahí, en el onírico mundo que crearemos juntos. Te amo mi amor, te amo tanto, que por ti y en nombre de este amor, te digo que saldremos adelante, lo sé porque desde antes de conocernos, estábamos ya bendecidos. Dejo el teclado y me desconecto para conectarme contigo. Besos todos amor, siempre...

miércoles, octubre 05, 2011

Oscuridad

El silencio era todo lo que tenía. Esa noche era siniestramente silenciosa, especial. Nada perturbaba la tranquilidad de la oscuridad. La habitación estaba estratégicamente sellada para que ni el ruido ni la luz penetraran. Era su espacio. El único lugar donde se sentía el mismo. La sociedad y sus ruidos innecesarios, su estrépito le molestaba hasta el grado de ignorar su entorno con un caparazón que le dolía haberlo mantenido tantos años. Nadie imaginaría que el era un ser de oscuridad.

Ahora intentaba dormir, sabía lo inútil del esfuerzo, pero le gustaba engañarse con el intento. Siempre terminaba igual, con los ojos abiertos imaginando un mundo silente, sin la estorbosa necesidad de gritar para poder comunicarse. Siempre recordaba el momento de sus primeras cartas, cuanto las disfrutaba, se regodeaba con cada palabra y como iban formando frases que en su mente se transformaban en imágenes que llenaban su vida. Así era su vida y era feliz.

Los minutos pasaban y sólo escuchaba la melodía en que transformaba su respiración, siempre le pareció monótona pero musical, sonreía, por sus chistes que nadie entendería. Imaginaba a sus compañeros de trabajo, necios y banales, soñando con mundos mejores. Veía claramente sus rostros plácidamente dormidos y le gustaba burlarse de ellos, aunque fuera sólo en sus pensamientos. El reloj de su buró, le llamó la atención, de pronto parecía ir inusualmente lento, a lo lejos, escuchó algo. Sí, ahora estaba seguro, había un ruido, lejano, pero constante. ¿Quién se atrevía a sacarlo de su tranquilidad? No podía permitirlo, tenía que callar ese ruido, se levantó rápidamente de la cama, y el frío del piso le hizo erizar la piel. No encontraba sus pantunflas, cosa extraña en su mnetódica vida, todo estaba acomodado siempre. Pensaba que cada cosa tenía su lugar y su momento. Busco en el piso con sus pies e intentó ver, pero ni aun la vista más aguda podría haber visto algo en esa densa oscuridad. Sintió miedo, aunque intentó tranquilizarse, era algo muy fuerte. Se recostó pensando que quizás estaba soñando y el ruido empezó a hacerse más fuerte y constante. Cerró los ojos y trató de pensar con claridad, con ese pensamiento lógico que siempre lo ha caracterizado. El silencio se veía perturbado por esas ondas de ruido que crecían, intentó ubicar la fuente, era imposible que viniera de fuera. Algo dentro de la casa estaba haciendo el ruido. El temor fue ahora más tangible. Tomó un cobertor e tapó sus oídos, ahí estaba el ruido, ahogado, pero más constante. Era real. No podía permitirlo, armándose de valor, se levantó y encendió la luz de su recámara. Lo que vio fue lo más aterrador que había visto en su vida...

Continuará...