martes, diciembre 21, 2010

Nuevo año

Y siendo un niño me escondía en los recovecos de la miseria que rodeaba el barrio. Nadie me extrañaba, ni a mi ni a nadie. Pero eramos una comunidad que se preocupaba cuando había que hacerlo. Pese a todo, era el comienzo, una jungla donde el más fuerte convocaba a los demás a su alrededor y obtenía ganancias. Era la manera más pura de capitalismo que he visto. La ley de la oferta y la demanda. Todo era conseguir una mejor utilidad y después derrocharla vistosamente.

Hoy, las cosas no han cambiado mucho a mis recuerdos de la niñez. El voraz consumismo está haciendo que la generalidad de las familias vivan episodios como sacados de las novelas para hacerlos propios. Nadie se escapa. Es encontrar la forma de hacer dinero pronto y con el menor o nulo esfuerzo. Ahora todos conocemos a alguien que ha sido víctima de esta nueva era carente de principios. Hijos que ya no quieren ser como su papá, como su tío, la autoridad matriarcal que antes nos llenaba de orgullo ha sido sustituida por una arrogante actitud de los hijos, están llenos de egoísmo y faltos de ganas de vivir, de jugar en equipo, de relacionarse, ensimismados y en complacidad de los mismos padres, de los adultos que permitimos, toleramos e incluso provocamos que esto continúe y sea cada vez más voraz... La misma miseria de mi niñez, adornada de lo material.

Son la nueva generación, tan diferentes, tan inteligentes para la tecnología, nacieron viendo celulares, autos, computadoras en todos lados y con todas las aplicaciones posibles, pero sobre todo, vieron que no había que hacer un gran esfuerzo para obtenerlo, bastaba pedirlo. Y cada vez más y mejor. Nosotros mismos, la generación de los treinta y cuarentañeros, no podemos negarnos, ¿Se han preguntado porqué pasa esto? La respuesta es simple, nosotros mismos somos así. Buscamos la aceptación en lo material, en lo más nuevo, en la actualización. Somos los que seguimos a la mercadotecnia que nos dicta que hacer. Esto en las generaciones pasadas, se lo dejaban a la aristocracia que eran los que mantenían al mercado de lujo. Por supuesto que conforme la sociedad avanza y crecemos en número, es mucho más negocio vender lo actual a la mayor cantidad de personas que sea posible. Es así como la industrialización en conjunto con la tecnificación de la vida, nos llevó a una vorágine de consumo interminable y cíclica.

Cada año un nuevo auto, cada año o cada seis meses el nuevo equipo de telefonía celular, el nuevo y mejor reproductor de formatos de audio, con cada vez una cantidad increíble de capacidad, así como las computadoras, en sus diferentes modelos, la de escritorio para la oficina, la laptop para negocios y la netbook para presumir que también tienes una. Sin dejar de lado, la ropa de marca, los videojuegos, la televisión de paga, el uso del satélite para geoposicionarte, para ver televisión, los eventos Pay per view, y un sinfín de cosas que tienen que estar en una vida ad hoc a lo que viven los demás.

Se ha especulado sobre la posibilidad de un fin del mundo para el 2012. Los mayas no hablan de nada más allá de esa fecha, quizás, simplemente porque llegaron los españoles y no los dejaron seguir con la historia sugerida en el futuro, que cada vez, está más cerca, como dice el dicho, no hay fecha que no llegue ni plazo que no se cumpla. Si se me permite, me imagino ese fin del mundo, no como el armagedón del libro del Apocalipsis (capítulo 16, versículo 16) de la Biblia, sino a algo más físico, un cambio de pensamiento, de orden, de políticas globales, de recapitulación en los sistemas de gobierno, o un despertar masivo mundial hacia una mejora humana. Claro que esto no es viable, es más bien risible, si se me permite, ya que un cambio así empieza usualmente con una revolución llena de sangre, odio, guerra y al final, lo que para algunos representa lo mejor, la naturaleza humana es así, para otros es lo peor. Sin embargo, imaginemos por un momento que el fin del mundo visualizado por los mayas o por quien sea. En verdad sea un cambio a nivel tecnológico. Cabe la posibilidad de una tormenta solar, que, en una medida adecuada puede acabar con nuestros sistemas de comunicación, ya que cada vez dependemos más de éstos para vivir, claro, para vivir como lo hacemos actualmente, dependientes de la tecnología. Imaginemos un instante como sería si ya no existiera internet, que la televisión no existiera nunca más, que la electrónica simplemente fueran aparatos inútiles sin ningún uso. Tendríamos que adaptarnos y quizás encontraríamos la manera de hacerlos funcionar o quizás nuevas formas, totalmente diferentes de comunicación y de entretenimiento. Pero que pasaría con los gobiernos, como controlarían el descontento generalizado y el pánico. Ese podría ser el panorama en poco tiempo, de hecho, la NASA ha advertido que esto es posible y que incluso no tardaría mucho en suceder un fenómeno de estas características. Incluso en base a sus datos esto puede ocurrir en el 2013, pero igual, puede ocurrir en el 2012... o nunca.


Creo que siempre es buen momento para tomar conciencia y lo más importante, transmitirla a las nuevas generaciones, tenemos la obligación de educar en base a los valores, los cuales al parecer se han ido diluyendo en la simplicidad de la vida. Los valores son reales, nos llevan a estados de conciencia donde la tranquilidad y la felicidad que se alcanza al seguirlos son invaluables e incomparables con la desolación y el estrés de una vida contraria. Lo interesante es, sin duda, que este regreso a lo básico es posible. El deleite de la vida está muy separado de lo material. Todo radica en entenderlo y buscarlo. Váyamos pues al encuentro de los valores perdidos y transmitámoslos a nuestros hijos. Insisto, es nuestra obligación, sino, simplemente nos seguiremos perdiendo en la ignominia del vacío existencial. Viene un nuevo año y con él, la oportunidad.

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