Caminando sin dirección en este domingo solitario voy. Tu mirada la llevo conmigo y me sirve de aliciente para avanzar y que mis fuerzas alcancen para llegar a ningún lado. ¿Cuándo fue que nos perdimos en el laberinto absurdo de no saber que queríamos?
Ahora en la tranquilidad de la soledad me llena el pensamiento tu memoria de tanto amor desperdiciado y que nos dimos sin medida pensando en que era incomensurable. Y ahora aquí estoy solo y tú lejana y ausente sin la más remota idea de lo que siento y de lo que queda en mi corazón y quizás en tu interior no quede ni la más mímina señal de mi nombre y si acaso se pronuncia es con un dejo de molestia en tu labio que se arremolina y rápidamente intenta desviar la importancia de la vida en cualquier dirección menos en la mía.
¿Qué pasó? Ya no importa. Lo que sigue es continuar caminando en la espera de que el silencio ya no nos devuelva la reverberancia de nuestro sentimiento que se apagó como el verano con el otoño y así como el día se tranforma lento en noche, ahora el ocaso es sin más lo único que se observa. Un ciclo termina y otros empiezan, así es la vida, así es el amor.