Enero llega con sus días fríos y su sol que calma la piel, como bálsamo mágico que reduce un poco las inclemencias de un invierno que no llega a serlo.
Mirando hacia el horizonte descubro el azul limpio del cielo que me devuelve su calma y su majestuosidad. Los árboles en su danza interminable o en su calma inspiradora acompañan con el murmullo divino que contempla a los hombres en sus abatidas vidas. Pleno de generosidad nos regala la belleza de sus verdes tonos en conjunción perfecta de un paisaje que simplemente dejamos pasar. Vemos sin realmente observar, sin unirnos a esta perfección, como si no fueramos la pieza clave de este complejo rompecabezas.
Siempre es más importante cualquier cosa: el trabajo, la diversión, los amigos, la familia, el amor... Sin embargo, el día de hoy, veo en este paisaje el secreto que me obsequia Dios y lo agradezco. Aprendí que todo este escenario es mi oportunidad de llenar la obra con mi vida. En este momento de inspiración soy pleno, soy feliz y lo comparto contigo.